Entrega del proyecto de Ley para la Erradicación de la Violencia de Género contra la Mujer
2017-08-30 04:26 1166

Discurso de la ministra Rosana Alvarado ante el pleno de la Asamblea Nacional, el jueves 24 de agosto de 2017, durante la entrega del proyecto de Ley Orgánica para la Erradicación de la Violencia de Género contra la Mujer.

Se trataba de que no sufraguen,
que trabajen pero no perciban salario
y si cobrasen un sueldo que sea inferior aún haciendo lo mismo.
Pero no era suficiente
Se trataba de que no salgan, no hablen, no piensen, no destaquen, no se rían fuerte
Y sin embargo no era suficiente
Nunca era suficiente
De lo que se trataba en verdad era de supliciar sus cuerpos
Que lleven una marca, un recuerdo, un estigma, algo que las señale como inferiores:
Un ojo morado
Una nariz fracturada
Alguna lacra sempiterna que permita despreciarlas para siempre.

Dice Josebe Egia:
Existen, al menos, dos tipos de femicidas:
– Los que asesinan a las mujeres en vida, descuartizan su identidad, descomponen golpe a golpe su fisonomía y dejan una huella indeleble en su memoria. Después las dejan vivir, pero ya han matado algo de ellas.
– Los otros tipos son los que asesinan a las mujeres hasta la muerte. Igual que los primeros las mantienen matándolas lentamente, bajo tortura. Las aíslan, las humillan, las someten, después las matan.

El 85% de los asesinatos de mujeres por esposos, parejas, exparejas, novios tiene lugar en procesos de separación o divorcio. Las asesinan en un espacio de indefensión, en la cárcel de tortura que habían construido para ellas, probablemente, desde la relación de noviazgo. Esta es una de las razones de la falta de denuncias.

Muchas de las mujeres violentadas tienen tan baja la autoestima que no se sienten capaces ni de ir en contra de su agresor y, cuando lo hacen, demasiadas veces no encuentran la seguridad que la sociedad, a través de medidas políticas eficaces, les debe.

Por eso esta Ley señoras y señores legisladores.

Porque la violencia contra las mujeres es un trágico y profundo fenómeno democrático, que está presente independientemente del nivel de estudios, de la edad, del lugar donde se viva, independiente de la situación económica de la víctima y del victimario. Y está demostrado que el argumento por el cual los agresores quieren pasar por enfermos psicóticos o drogadictos es sólo una coartada. Son personas normales porque la violencia de género se ha normalizado, se ha hecho cotidiana.

Es una violencia generalizada, institucionalizada, justificada, difundida, socializada.

Por eso esta ley. Esta propuesta, consecuencia de la voluntad y decisión del presidente Lenín Moreno, que oyó e hizo suya la proclama “Ni una menos” uniéndose a las voces de cientos de mujeres que durante décadas le reclamaron a la sociedad y al Estado una señal, un mensaje, un símbolo de lucha contra la violencia. No puedo dejar de recordar a las organizaciones de mujeres, a las feministas incomprendidas y juzgadas por cuestionar e interpelar al patriarcado, por exigir el reconocimiento de la violencia contra las mujeres y la necesidad de sancionarla de manera específica. No puedo dejar de hablar, en nombre de todas aquellas que hoy nos faltan, de las que ya no están, de las compañeras asesinadas cruelmente por las garras del machismo más cruel y criminal.

Por eso esta propuesta. Pues, aunque es indiscutible que existen avances (la tipificación del femicido como delito es uno de ellos), el combate a la violencia requiere integralidad y no dispersión: una ley integral que cubra todas las manifestaciones de la violencia de género contra las mujeres y que establezca un sistema de protección integral ágil e inmediato desde la comprensión de que este fenómeno se produce generalmente en los hogares, convertidos en el primer escenario de muerte, y de que la violencia lamentablemente puede pasar de una generación a otra: el niño que ve la violencia que sufre su madre, luego la reproduce.

Esta propuesta de ley pone el acento en la información y prevención, así como la atención y reparación integral y especializada de los derechos de las mujeres víctimas de violencia, independientemente de su sexo biológico, orientación sexual e identidad de género, y tiene como fin erradicar la violencia y modificar los patrones socioculturales y estereotipos que la naturalizan, producen y perpetúan.

La propuesta incluye el Sistema Nacional de Prevención, Atención Inmediata y Reparación; coordina normas, políticas, planes, programas, acciones y procedimientos administrativos.

Estamos seguros de que aquí, esta propuesta que hoy presenta el Presidente de la República será ampliamente discutida. Sabemos que contamos con el compromiso de los legisladores sensibles ante el flagelo de la violencia contra las mujeres. Sabemos que hoy estamos dando un paso importante como Estado, como sociedad, como pueblo.

La misoginia jactanciosa y violenta, -dice Carlos Monsivais- ha sido el más perdurable de los regímenes feudales. La violencia aísla, deshumaniza, frena el desarrollo civilizatorio, le pone sitio militar a las libertades, mutila física y anímicamente, eleva el temor a las alturas de lo inexpugnable…

El peso del patriarcado y las resignaciones aledañas igualan la violencia ejercida sobre un género con la negación de la democracia, y desde los gobiernos y las leyes y los criterios sociales no reconocerlo o admitirlo ambiguamente es señal inequívoca del atraso.

Nunca más indiferencia
Nunca más resignación
Nunca más normalización de la violencia
¡Ni una menos!
Vivas nos queremos

Gracias

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